Daniella Jofré
Arqueóloga, académica del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile
Abrió las exposiciones con una advertencia: en todo Chile hay vestigios arqueológicos y, sin embargo, desconocemos una historia humana de 15.000 años, «y probablemente más». En la línea de tiempo que mostró, el periodo prehispánico ocupa casi todo el largo; el republicano, de poco más de dos siglos, es el tramo más corto, aunque el más intenso por la urbanización y el uso productivo del suelo. En 2022 la invitaron a Monte Patria con su curso de investigación aplicada, y ahí, contó, se dio cuenta de lo interesantes que son los distintos valles del Limarí.
Su idea central fue el contexto. Los restos materiales, dijo, «contienen en sí a la sociedad que los produjo», y un objeto separado del lugar donde se encontró pierde la información que permite leerlo. La Ley 17.288 de Monumentos Nacionales, recordó, protege no solo la pieza, sino también el lugar. Ante un hallazgo fortuito hay que detener la obra, resguardar el área y avisar al Consejo de Monumentos Nacionales o, si no es posible, a Carabineros o a la PDI. Un aríbalo incaico para guardar chicha, de hasta un metro veinte de alto, puede aparecer a pocos centímetros de la superficie, en terrenos agrícolas o en zonas urbanas.
- Hombre de Los Vilos. Encontrado en la costa de Los Vilos, en la provincia del Choapa, y estudiado por un equipo del que formó parte su profesor Donald Jackson. Cinco dataciones de distintos laboratorios lo sitúan hace unos 10.000 a 9.500 años. Vivía de recursos marinos y llegó a una edad adulta.
- Arte rupestre. Las pinturas lineales corresponden a periodos más tempranos y las figuras con rostros, a periodos más tardíos. Hoy, filtros fotográficos y espectrometría permiten ver pigmentos que el ojo no distingue.
- Cultura El Molle. El tembetá, un adorno inserto en el labio inferior, y la pipa, «tecnologías que extienden el yo» de quienes las usaron.
- Cultura Las Ánimas. Entierros con una osamenta humana rodeada por tres camélidos, como si el difunto llevara consigo una extensión de sí mismo.
- Changos y huarpes. En la costa, los changos, un pueblo reconocido hace poco, navegaban en balsas de cuero de lobo marino. Al otro lado de la cordillera, los huarpes de Cuyo usaban balsas de totora, y hay registros de que cruzaron a trabajar en Ovalle.
A la pregunta común respondió que el Limarí «es un territorio que conecta a otros territorios», un eje entre la costa y la cordillera habitado por personas diversas. Y agregó otra pregunta, hacia adelante: qué queremos «co-construir» en ese territorio.