Viñedos verdes sobre lomas suaves, con quiscos en primer plano y cerros secos iluminados por el sol bajo

Limarí, lo que somos

Simposio sobre el patrimonio ecocultural del valle. Martes 13 de octubre de 2026, Teatro Municipal de Ovalle.

Viñedos y quiscos en el Valle del Limarí. Foto: Red Asociativa Limarí Ancestral y Vivo

La pregunta que ordenó la tarde

«¿Por dónde empezaría usted a contarle el Limarí a alguien que no lo conoce?»

Con esa pregunta se convocó el simposio «Limarí, lo que somos», el martes 13 de octubre de 2026, entre las 15:30 y las 18:00, en el Teatro Municipal de Ovalle. Abierto a todo público, el encuentro fue también la primera presentación de la Red.

Cinco personas que conocen el valle desde oficios muy distintos lo recorrieron en orden cronológico, desde sus primeros habitantes hasta su mesa: la arqueología, la historia de quienes fueron llegando, la religiosidad popular, la vida de las comunidades agrícolas y el pisco. Cada una respondió, a su manera, esa misma pregunta. Después vino una conversación entre los expositores y las intervenciones del público.

Para la Red, era el primer paso de un relato colectivo del Limarí, contado por quienes lo habitan y lo conocen. Así lo explicó al anunciarlo:

«Antes de salir a contar el Limarí hacia afuera, queremos escucharlo desde adentro.»

Juan José Juliá, socio de la Red y moderador del conversatorio

Lo organizó la Red Asociativa Limarí Ancestral y Vivo junto a la Corporación Cultural Municipal de Ovalle. Fue una tarde de lluvia, con tormenta eléctrica, y el conductor, Carlos García, lo comentó en el cierre: «hasta la lluvia nos vino a visitar».

Afiche con el título del simposio en letras grandes, los datos de fecha, lugar y acceso, el programa de la tarde y, al pie, una franja de viñedos y cerros al atardecer
Afiche y programa del simposio, con los organizadores al pie. Foto: Red Asociativa Limarí Ancestral y Vivo

Programa de la tarde

Las horas son las del programa anunciado. En la práctica, varias intervenciones duraron más de lo previsto.

  1. Red Asociativa Limarí Ancestral y Vivo

    Bienvenida y apertura

    Presentación del encuentro, palabras de la Red y saludos de autoridades.

  2. Daniella Jofré, arqueóloga

    Los primeros habitantes del Limarí

    Los pueblos que habitaron el valle desde la costa hasta los valles interiores, las huellas que dejaron y la relación de las comunidades de hoy con ese patrimonio.

  3. Rodrigo Iribarren Avilés, historiador

    Huellas del Limarí: las culturas que conformaron el territorio

    La ocupación hispana y sus transformaciones: villas, riego, agricultura, minería, ferrocarril y las familias que llegaron al valle.

  4. Sergio Peña Álvarez, historiador

    Donde rezan las almas: bailes chinos, fiestas y cementerios del Limarí

    La religiosidad popular a través de las fiestas tradicionales, los bailes religiosos, las iglesias y los cementerios patrimoniales.

  5. Mirtha Gallardo, dirigenta campesina

    Comunidades agrícolas, crianceros y queso de cabra: una forma de habitar el Limarí

    Qué es una comunidad agrícola y cómo se organiza la vida criancera alrededor del agua, el pasto, las veranadas y el queso de cabra.

  6. Fernando Mujica Fernández, investigador y sommelier

    El pisco, la parra y la mesa del Limarí

    La historia de la denominación de origen pisco y la mesa tradicional del valle como patrimonio vivo.

  7. Modera Juan José Juliá, socio de la Red

    Conversatorio final «Limarí, lo que somos»

    Una pregunta del moderador a cada expositor; después, comentarios y preguntas del público.

  8. Carlos García, conductor

    Cierre

    Agradecimientos y fotografía en el escenario con los expositores y la Red.

Los expositores y lo que dijeron

Cada uno habló desde su oficio, con lugares, nombres, objetos y fechas. Lo que sigue resume lo principal de cada exposición.

Daniella Jofré

Arqueóloga, académica del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile
Rostro grabado en la superficie de una roca, con un tocado sobre la cabeza
Petroglifo de rostro mascariforme en el Valle del Encanto, comuna de Ovalle. Foto: Bachelot Pierre J-P, CC BY-SA 3.0
Los primeros habitantes del Limarí

Abrió las exposiciones con una advertencia: en todo Chile hay vestigios arqueológicos y, sin embargo, desconocemos una historia humana de 15.000 años, «y probablemente más». En la línea de tiempo que mostró, el periodo prehispánico ocupa casi todo el largo; el republicano, de poco más de dos siglos, es el tramo más corto, aunque el más intenso por la urbanización y el uso productivo del suelo. En 2022 la invitaron a Monte Patria con su curso de investigación aplicada, y ahí, contó, se dio cuenta de lo interesantes que son los distintos valles del Limarí.

Su idea central fue el contexto. Los restos materiales, dijo, «contienen en sí a la sociedad que los produjo», y un objeto separado del lugar donde se encontró pierde la información que permite leerlo. La Ley 17.288 de Monumentos Nacionales, recordó, protege no solo la pieza, sino también el lugar. Ante un hallazgo fortuito hay que detener la obra, resguardar el área y avisar al Consejo de Monumentos Nacionales o, si no es posible, a Carabineros o a la PDI. Un aríbalo incaico para guardar chicha, de hasta un metro veinte de alto, puede aparecer a pocos centímetros de la superficie, en terrenos agrícolas o en zonas urbanas.

  • Hombre de Los Vilos. Encontrado en la costa de Los Vilos, en la provincia del Choapa, y estudiado por un equipo del que formó parte su profesor Donald Jackson. Cinco dataciones de distintos laboratorios lo sitúan hace unos 10.000 a 9.500 años. Vivía de recursos marinos y llegó a una edad adulta.
  • Arte rupestre. Las pinturas lineales corresponden a periodos más tempranos y las figuras con rostros, a periodos más tardíos. Hoy, filtros fotográficos y espectrometría permiten ver pigmentos que el ojo no distingue.
  • Cultura El Molle. El tembetá, un adorno inserto en el labio inferior, y la pipa, «tecnologías que extienden el yo» de quienes las usaron.
  • Cultura Las Ánimas. Entierros con una osamenta humana rodeada por tres camélidos, como si el difunto llevara consigo una extensión de sí mismo.
  • Changos y huarpes. En la costa, los changos, un pueblo reconocido hace poco, navegaban en balsas de cuero de lobo marino. Al otro lado de la cordillera, los huarpes de Cuyo usaban balsas de totora, y hay registros de que cruzaron a trabajar en Ovalle.

A la pregunta común respondió que el Limarí «es un territorio que conecta a otros territorios», un eje entre la costa y la cordillera habitado por personas diversas. Y agregó otra pregunta, hacia adelante: qué queremos «co-construir» en ese territorio.

Rodrigo Iribarren Avilés

Historiador y gestor cultural, nacido en la actual comuna de Río Hurtado
Compuertas metálicas de color naranjo sobre un canal de agua turbia, entre cañaverales
Compuertas del canal El Palqui–Maurat–Semita, en Monte Patria, el día en que volvió a abrirse tras el terremoto de 2015. Foto: Comisión Nacional de Riego, Marca de Dominio Público 1.0
Huellas del Limarí: las culturas que conformaron el territorio

Dirigió el Museo del Limarí, el Museo Gabriela Mistral de Vicuña y el Museo Histórico Gabriel González Videla de La Serena. Dijo que le habían dado la «dura tarea» de contar «una historia de 500 años en 20 minutos», y partió en 1558, con un registro de población indígena del oidor Hernando de Santillán que ya menciona las tierras de Tuquí, donde siglos después se fundaría Ovalle. El historiador Jorge Hidalgo estima unos 20.000 indígenas en el Norte Chico al momento del contacto; aquel registro contó 3.630. Para reponer esa población se trajo a huarpes de Cuyo, a gente del sur del Perú, a indígenas de la frontera mapuche y a personas africanas esclavizadas, presentes en el valle todavía en el siglo XIX.

Discutió la idea de que la región fuera solo una zona de paso hacia el Perú: aquí hubo una economía minera y agraria propia. Tras el terremoto que destruyó Lima y el Callao en 1687, el trigo blanquillo del valle abasteció al Perú. En 1698 zarparon de Coquimbo doce fragatas cargadas de trigo, en su mayor parte del Limarí y no del Elqui, y se exportó tanto que llegó a faltar pan en La Serena. Las viñas también son antiguas: en 1709 la hacienda Rapel tenía bodega, vasijas y viña para hacer vino y aguardiente, y en 1743 la estancia de Monterrey, en la actual Monte Patria, tenía una viña de unas 12.000 plantas.

  • El cobre de Huamalata. Bernardo del Solar y Lecaros, dueño de la hacienda Huamalata y de minas en Tamaya, fundía cobre en hornos de manga que dejaban escorias ricas en sulfuros. En 1820 el alsaciano Carlos Lambert le ofreció una onza de oro diaria por ellas, y en 1828, con hornos de reverbero conocidos en Europa, produjo su primera barra de cobre en la Pampa Alta de La Serena.
  • Canales y rieles. El francés Gabriel Maurat, ingeniero del Ferrocarril Longitudinal, construyó con socios el canal El Palqui; en Monte Patria hay juntas de vecinos con su nombre. Otros promotores abrieron los canales Tuquí y Camarico, y en 1896 el departamento de Ovalle sumaba 38.000 hectáreas bajo riego. Junto a la maestranza de Ovalle quedó una población obrera, en la esquina de Maestranza con Pedro Montt, que ya cumplió cien años.
  • Las colonias. Los franceses vinieron por su cuenta, levantaron fábricas de jabón, molinos harineros y curtiembres, e impulsaron una sociedad musical cuyo teatro ocupaba el sitio del actual Teatro Municipal de Ovalle. También se asentaron palestinos y, en menor número, sirios y libaneses: en los años cincuenta y sesenta, la mayor parte de las tiendas del centro de Ovalle eran de familias palestinas. Los mallorquines llegaron jóvenes en la primera década del siglo XX, como trabajadores agrícolas, y empezaron por el aguardiente; tres o cuatro de esas familias terminaron haciendo piscos reconocidos en todo el país. Los trentinos, a mediados del siglo XX, se instalaron sobre todo en La Serena y Coquimbo.
  • Las partidas. Desde fines del siglo XIX y hasta la crisis de 1929, mucha gente de los valles interiores partió a las salitreras; en los años cuarenta, otros se fueron a San Juan, en Argentina. Concluyó que «la movilidad siempre ha sido una parte constitutiva de la gente del campo chileno».

Terminó con la memoria cotidiana. En Barraza, al atardecer, los niños menores de siete años corrían alrededor de las casas cantando «Ave María Purísima», y los adultos respondían desde las esquinas «Sin pecado concebida». En El Chañar, en Río Hurtado, a quienes repartían el agua de riego se les llamaba camayos, palabra de origen quechua, y se horneaba galleta de mar, un pan sin levadura de doble cocción, para los viajes a la cordillera. En Punitaqui, donde vivió de niño, le advertían que no se acercara a una laguna de Pueblo Viejo habitada por «el cuero», un espíritu maligno. «Eso somos», dijo.

Para la pregunta común leyó una respuesta escrita. Partía del poeta ovallino Raúl Castillo, que en Crónicas del Río Limarí describe la cuenca como una «vena de vida» entre la cordillera y el mar, y seguía con la gente del valle: «su hospitalidad, su sencillez, el amor manifiesto por su territorio y su resiliencia».

Sergio Peña Álvarez

Historiador y gestor del patrimonio cultural de la Región de Coquimbo
Torre de madera pintada, con balcones, chapitel y cruz, sobre un frontis rojo con un óculo
La torre de la iglesia de La Torre, comuna de Ovalle, fotografiada en 1992. Foto: Seba Flores (vía Panoramio), CC BY-SA 3.0
Donde rezan las almas: bailes chinos, fiestas y cementerios del Limarí

Autor de un libro sobre el cementerio de Cerrillos de Tamaya cuyo subtítulo dio nombre a su exposición, habló de memoria porque su presentación no se pudo proyectar. Empezó por los cementerios. Desde 2024, la Corporación Cultural Municipal de Ovalle organiza en el cementerio de la ciudad funciones nocturnas de teatro que cuentan la historia de quienes están sepultados ahí, con 100 a 120 personas por función. En ese cementerio descansan veteranos de la Guerra del Pacífico, constructores de canales y miembros de las colonias extranjeras.

  • Barraza y Sotaquí. Sus cementerios guardan las tumbas de dos sacerdotes alemanes, contemporáneos, que impulsaron el desarrollo de sus localidades.
  • Halcones. El mausoleo de la familia Jiles Pizarro, donde descansan Jorge Jiles y su esposa, Elena Caffarena, una de las promotoras del sufragio femenino en Chile.
  • Tulahuén. La tumba del fotógrafo Sergio Larraín, de la agencia Magnum, que vivió sus últimos años en el pueblo y pidió ser enterrado ahí.
  • Cerrillos de Tamaya. Un cementerio de 1952 cuyas tumbas multicolores son réplicas de iglesias de la región, como las de La Torre y Andacollo. Entre los muchos cementerios que conoce, dijo, no ha visto otro igual.

Las fiestas religiosas de la zona, explicó, no son las de la liturgia clásica, como el Corpus Christi o la Semana Santa, sino fiestas a la Virgen, al Niño Dios o a los santos patronos: el Niño Dios de Sotaquí, desde comienzos del siglo XIX; la Virgen de Andacollo; San Antonio de Barraza y las Mercedes de Tulahuén. La iglesia de Sotaquí es grande para el tamaño del pueblo porque se levantó como santuario, con las limosnas de los peregrinos.

De los tres bailes religiosos tradicionales (chinos, danzantes y turbantes), en las fiestas del Limarí se ven los dos primeros. Los chinos tocan una flauta vernácula, que viene «de tiempos inmemoriales», y un tambor, y su traje imita el del minero colonial: bonete, blusa, pantalones y culero, la pieza trasera que usaban los mineros para bajar el mineral. Los danzantes, de raíz campesina, visten de blanco o celeste, con banda terciada, sombrero adornado con mostacillas y monedas, y banderas. Muchos bailes están en vías de extinción, porque los jóvenes prefieren los bailes de instrumentos gruesos, aparecidos en los años sesenta y setenta, cuya caja y bombo tapan la música de los chinos. Recomendó el libro Ser hasta la vuelta de año, de Rafael Contreras y Daniel González.

Entre los templos destacó la iglesia de San Antonio de Barraza, de fines del siglo XVIII o comienzos del XIX, cuyo anteproyecto se atribuye a Joaquín Toesca, el arquitecto de La Moneda. Según Peña, entre 1818 y 1831 Barraza fue la cabecera del valle, y allí pudo haberse fundado Ovalle. La iglesia de La Torre perdió su torre en el terremoto de 2015, hasta que un empresario ovallino y sus trabajadores le pusieron una parecida a la original; para Peña, reponerla fue devolverle la identidad a un pueblo que probablemente debe su nombre a esa torre. La de Carén conserva imaginería de la Escuela de Olot, en Cataluña, y la de Tulahuén la levantaron los vecinos.

Respondió a la pregunta común empezando por la geografía: el Limarí no es un solo paisaje, sino un valle de diez afluentes, cada uno con sus actividades, tradiciones y costumbres. Recordó un recorrido con Rodrigo Iribarren en el que encontraron una cantidad sorprendente de molinos antiguos, y volvió a Cerrillos de Tamaya como imagen del valle.

Mirtha Gallardo

Presidenta de la Asociación de Comunidades Agrícolas del Limarí
Hombre de pie frente a un muro de piedra seca y una ramada de varas, con cerros áridos detrás
Un comunero junto a pircas y ranchos de la Comunidad Rodeo Viejo, en Combarbalá. Foto: PNUD Chile, Dominio público
Comunidades agrícolas, crianceros y queso de cabra: una forma de habitar el Limarí

Se presentó como hija de un padre criancero caprino y minero y de una madre de la agricultura familiar campesina: «Soy campesina». Lleva más de cuarenta años de trabajo en el mundo rural de la provincia. Ordenó su exposición en torno a tres preguntas: qué es una comunidad agrícola, qué se ha guardado de generación en generación y qué se está dejando de guardar.

Según el DFL N.º 5, una comunidad agrícola es una agrupación de propietarios que son dueños en común de la tierra. «Pero más que eso es la forma de vida», dijo, y lo que la distingue es que sus acuerdos se toman en forma democrática y colectiva. Según sus cifras, hay 188 en el país, 178 en la Región de Coquimbo y cerca de 120 en el Limarí; ocupan el 25 % del territorio regional, y en Punitaqui unas pocas comunidades abarcan el 90 % de la comuna. Desde 1966, dijo, solo dos se han liquidado. Entre sus orígenes están las mercedes de tierra, el sistema incaico y antiguos asientos mineros; hoy, además, frenan el despoblamiento del campo.

Las dos actividades más resistentes son la siembra de trigo trillado a yegua suelta, para el pan de la casa, y la crianza de cabras. Los crianceros siguen subiendo a las veranadas de la cordillera, en Chile y en Argentina, en busca de agua y de los mejores pastos. El mejor queso, dijo, es el de cabras que pastan en el campo común o en la cordillera y se alimentan de hierbas medicinales; y la cabra ha pagado la educación de los hijos de los crianceros.

  • Lo que se guarda. La decisión colectiva, el amor por la vida junto a los animales, la tierra, el agua y las semillas, y la transmisión de saberes, identidad y cultura.
  • Lo que se pierde. La huerta de autoconsumo y la alimentación sana; el sabor del queso, cuando las normas empujan a tener las cabras estabuladas; y los jóvenes. Las escuelas de las comunidades son unidocentes y parten en primero básico, mientras se exige prekínder y kínder, así que la madre emigra con los niños, que después ya no vuelven.
  • Lo que no se ve. Sin resolución sanitaria, el criancero queda sujeto al precio que fija quien le compra el queso. Tras las grandes lluvias recientes hubo crianceros que perdieron decenas de cabras y no alcanzaron a inscribirse en los registros de ayuda, que eran solo digitales, en días sin luz. El campesino, dijo, sigue siendo un «ciudadano no visible».

A quien no conoce el Limarí le diría que aquí están los mejores valles del país; la Fiesta del Cabrito, fundada por crianceros; piscos de clase mundial y vinos de alta gama; la rumpa, el fruto del quisco que en La Serena llaman copao y que, según ella, solo se da en el Limarí; la red de guardianas de los saberes, de la vida y de las semillas, y los cielos de Peral Ojo de Agua, Río Hurtado y Combarbalá. Pero lo más importante, dijo, son «sus tesoros vivos, sus patrimonios, las personas».

Fernando Mujica Fernández

Investigador, gastrónomo y sommelier profesional
Racimo de uvas blancas maduras entre hojas de parra iluminadas por el sol
Uva pisquera en un predio de las cercanías de Ovalle. Foto: Ovallito.cl, CC BY-SA 2.0
El pisco, la parra y la mesa del Limarí

Lleva más de quince años investigando la historia social y económica de las bebidas fermentadas y destiladas de América Latina. Revisó las guías de turismo y la revista En Viaje publicadas entre 1930 y 1973: el Norte Chico recién empezó a promocionarse en 1943, y mientras se ofrecían los vinos del Huasco y los piscos del Elqui, el Limarí no figuró en lo gastronómico. Apenas una guía nombró las frutas de Combarbalá, el dulce de cayote, el camote y el higo. Su lectura dio vuelta el argumento: ese rezago es hoy lo que distingue al valle, que, dijo, está «todavía muy estancado en el tiempo».

La fortaleza que reconoce en la región es el espíritu de comunidad, visible en el cooperativismo pisquero desde los años treinta y en la idea de «entender que juntos somos mejor que el mejor del grupo por separado». Lo mostró con la historia de la denominación de origen pisco, que presentó como una de las primeras de Chile y de América:

  1. 1931

    Primera delimitación de la zona pisquera, que ya incluía parte del Limarí. Monte Patria quedaba dividida entre un norte pisquero y un sur aguardentero.

  2. 1936

    Se incorpora toda la comuna de Monte Patria.

  3. 1963

    Se suman los departamentos de Ovalle, Combarbalá e Illapel.

  4. 1968

    La zona abarca todo Atacama y Coquimbo.

  5. 1986

    Se fijan las categorías actuales del pisco y 13 variedades de uva autorizadas.

  6. 2020

    Quedan once genotipos de uva para elaborar pisco.

El contraste fueron el pajarete y el asoleado, vinos cuyas denominaciones, de 1937, se fueron diluyendo: según Mujica, sus productores nunca se unieron ni se formaron como industria. En el pisco, en cambio, viticultores con más capital cultural pudieron unirse y levantar una de las mejores industrias del país.

El Limarí, dijo, es el valle con más pisqueras artesanales de Chile, y algunas todavía destilan a fuego, con un vocabulario antiguo: la «parte de los ángeles», lo que se evapora, y la separación de cabeza, corazón y cola. Propuso una categoría de pisco artesanal dentro de la denominación, como el tequila ancestral de México.

Su respuesta a la pregunta común fue una invitación: «saborear un territorio en parte desconocido, pero con los sabores de siempre» (el queso de cabra, el pisco y los frutos secos). Propuso recorrerlo en auto hasta el final del valle, y no solo el primer tramo, entre pueblitos con su iglesia, paisajes «emocionantes» y sin aglomeraciones.

Multitud con banderas celestes alrededor de un anda alzada, con cerros áridos y eucaliptos al fondo
Final de la procesión del Niño Dios de Sotaquí, el 11 de enero de 2009. Foto: dbravosilva, CC BY-SA 2.0

Voces de la tarde

Frases dichas en el escenario, tal como quedaron en la grabación de la jornada.

«Quizás habría que repensar la forma en que nos reconectamos con estas piezas y con nuestro pasado, partiendo del presente.»

Daniella Jofré, arqueóloga

«[...] esas colecciones, sin el contexto que las explica y sin la asociación a un lugar específico [...] no tienen mucho que contar.»

Daniella Jofré, arqueóloga

«Hay algunos historiadores que dicen que nuestra región fue una zona de tránsito que fue poco apetecida [...] Yo creo que no es así.»

Rodrigo Iribarren Avilés, historiador

«Creo que no le hemos sacado el provecho a estas cuestiones de carácter histórico.»

Rodrigo Iribarren Avilés, historiador

«[...] nadie se podría aburrir acá en Limarí porque hay por lo menos 10 valles por recorrer.»

Sergio Peña Álvarez, historiador

«[...] se habla mucho del pisco en esta zona [...] pero como que se omite el tema del olivo.»

Sergio Peña Álvarez, historiador

«El criancero prefiere primero tener agua para sus animales antes que tenerla para él.»

Mirtha Gallardo, presidenta de la Asociación de Comunidades Agrícolas del Limarí

«[...] en el futuro más que tener la gota de agua es quien va a tener una semilla, va a ser la persona más rica en patrimonio.»

Mirtha Gallardo, presidenta de la Asociación de Comunidades Agrícolas del Limarí

«[...] ese atraso de repente que te va dejando versus otros valles que avanzan más, resulta ser la gran fortaleza.»

Fernando Mujica Fernández, investigador y sommelier

«Tienen pisqueras que todavía destilan a fuego, que destilan, dicho por los propios destiladores, a través de los sentidos.»

Fernando Mujica Fernández, investigador y sommelier

«Si le va bien a Monte Patria, le va a ir bien a Ovalle, si le va bien a Río Hurtado, le va a ir bien a Ovalle [...]»

Héctor Vega, alcalde de Ovalle

«No es construir más carreteras, sino es cómo logramos fortalecer que la gente del campo permanezca en el campo.»

Cristian Herrera, alcalde de Monte Patria

La conversación final

Terminadas las exposiciones, los cinco expositores volvieron al escenario. Juan José Juliá, socio de la Red, le hizo una pregunta a cada uno; después tomó la palabra la sala.

  • ¿Qué sigue vivo de los primeros pueblos, más allá del arte rupestre? Daniella Jofré respondió que hoy se puede conocer la dieta y la tecnología de esas sociedades, y que lo menos explorado es el cielo: la orientación de algunos sitios y cursos de agua y su relación con las constelaciones. Propuso mirar el Valle del Encanto como un paisaje completo, una quebrada pequeña con agua, un cementerio excavado y rocas con petroglifos, unida a las rutas que la conectaban.
  • ¿Qué quedó de las colonias que llegaron? Rodrigo Iribarren recordó que las familias ya no son tan numerosas, porque los jóvenes se fueron, pero las tradiciones siguen en la memoria: los almuerzos ceremoniales palestinos después de un funeral, los vinos de la familia trentina Dalbosco y los piscos de familias mallorquinas que empezaron con aguardiente. Hasta hace poco, contó, había concursos entre familias, con jurado, para elegir la mejor empanadita mallorquina.
  • ¿Qué hay aquí que no esté en otra parte? Sergio Peña dijo que los bailes chinos, en la versión que se conoce acá, son propios del Norte Chico. Según Claudio Gay, hacia 1830 o 1840 llegaban a Andacollo tres bailes, uno de chinos, uno de danzantes y uno de turbantes, todos grupos pequeños; desde 1850, con el auge del cobre, hubo bailes de cien, doscientos y hasta quinientos integrantes. Agregó el olivo: hay olivos de al menos dos siglos en Pachingo y en los huertos de Barraza, y en los años cuarenta y cincuenta se hizo en Cerrillos de Tamaya la mayor plantación de olivos del país.
  • ¿Qué significa la cabra para el campesino? Para Mirtha Gallardo, la cabra es «lo más sagrado» del criancero, y de su cuidado depende el queso. Criancero y cabra se conciben como uno solo, y hay crianceros que conocen los ciclos de la cordillera incluso al otro lado de la frontera.
  • ¿Cómo ve los cambios de la parra en el valle? Fernando Mujica respondió que la alimentación es un lenguaje en constante movimiento. El pisco mismo surgió, según los estudios, en las primeras décadas del siglo XVIII, y los llamados vinos de suelo son algo muy nuevo: está por verse si serán moda o tradición. Lo explicó con la uva: la país fue la primera en llegar, la albilla desapareció de Chile y la mollar, hoy llamada San Francisco, vuelve a tener auge.
Roca de granito con figuras grabadas, entre ellas una figura humana con tocado, junto a cactus altos
Bloque con petroglifos junto a cactáceas columnares en el Valle del Encanto, comuna de Ovalle. Foto: Soizic Gaborel, CC BY-SA 3.0
  • Pisco. Un asistente de la Cooperativa Agrícola Control Pisquero preguntó qué le falta al territorio para que su tradición pisquera sea un motor de desarrollo. Mujica contestó que la materia prima ya está («no hay que mejorar los quesos, ni el pisco») y que falta ponerla en el centro de lo que el valle ofrece.
  • Lo público y lo privado. El director regional del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural pidió que lo privado vaya de la mano con lo público, y que cada plato y cada trago lleven un nombre y una reseña con su historia.
  • Norte verde. El alcalde de Monte Patria propuso dejar de decir «norte chico», una etiqueta que remite solo a la playa, y hablar de «norte verde»: «el valle más verde de todos es el valle del Limarí». El moderador lo apoyó: «el lenguaje construye realidades».
  • Sabores olvidados. Un asistente ovallino pidió rescatar sabores casi perdidos, como el camarón de río y el pejerrey de embalse, y mirar también hacia las caletas de la costa.
  • Etnoturismo. Una asistente habló de etnoturismo: en la provincia hay comunidades indígenas que están rescatando lo ancestral, e invitó a las empresas del valle, viñedos incluidos, a trabajar junto a ellas.

Lo que dejó la jornada

Dichas desde oficios distintos, algunas ideas sobre el valle volvieron una y otra vez a lo largo de la tarde.

  • Un valle que une. Jofré habló de un eje entre la costa y la cordillera; Iribarren, de la cuenca como «vena de vida»; Peña, de diez afluentes con costumbres propias; Gallardo, de crianceros que suben a las veranadas a ambos lados de los Andes.
  • Un lugar al que se ha llegado muchas veces. Huarpes que cruzaron la cordillera, traslados de población en la Colonia, franceses, palestinos, mallorquines y trentinos. También es un valle del que se ha partido: a las salitreras, a San Juan, a las ciudades.
  • El patrimonio está en las personas. Los «tesoros vivos» de Gallardo, la hospitalidad que nombró Iribarren, los destiladores que trabajan a través de los sentidos y las familias que todavía suben a la cordillera con sus cabras.
  • Lo que quedó fuera de las guías. El valle que las guías de turismo de 1943 a 1973 dejaron fuera de su oferta gastronómica conserva, según Mujica, pisqueras que destilan a fuego, pueblos con su iglesia y caminos sin aglomeraciones.
  • Juntarse es una costumbre antigua. Las comunidades agrícolas deciden en común sobre la tierra y el agua, y el cooperativismo pisquero viene de los años treinta.
  • Un patrimonio que depende de quienes lo sostienen. Los bailes chinos pierden jóvenes frente a los bailes de instrumentos gruesos, y los crianceros ven partir a sus hijos. Lo que se cuente del Limarí depende de que esa gente pueda seguir en el valle.

La tarde no fue para inventarle atributos al Limarí, sino para nombrar los que ya tiene. Al despedir al público, el conductor recordó que «la toponimia habla de diez ríos, diez lugares distintos», y lo resumió así:

«[...] nosotros somos la distinción de ellos, la gente, su tierra, sus hombres y mujeres.»

Carlos García, conductor del simposio

Antes de agradecer al equipo técnico del teatro, despidió la jornada con el nombre del encuentro: «Esto es Limarí, lo que somos».

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